domingo 1 de junio de 2008

31º Día.La Felicidad.


La vida sonríe a María. Por eso todas la mañanas se ducha cantando, por eso da los bueno días con una sincera sonrisa al vecino del quinto izquierda, por eso cede el paso cuando se cruza con alguien por la acera.

María es feliz, después de mucho estudiar , de muchas tardes sin salir, de trabajos no acordes con su nivel y con jefes mal educados, ha conseguido empleo en un periódico local, como ay undante de redacción, ¡Por fin es mileurista!

María disfruta de la vida. No puede evitar reír en silencio cunado recuerda el viaje que hizo con sus amigas a la playa. Días de playa, tardes de tiendas, noches de marcha, y sobre todo risas, muchas risas aliñando cada uno de los momentos.

La felicidad inunda a María. Aún conserva en la boca el sabor de los besos de José. Besos dulces como su emisor. No se lo puede creer pero está segura de que ha encontrado al hombre de su vida.

La felicidad es fragil como un crista, volátil como un pluma. Una llamada de teléfono despertó a María a las cuatro de la mañana, no lo queria coger, su instinto le decía que su buena estrella se apagaba, que algo malo pasaba. Asi era, su madre entre sollozos se lo corroboraba: Su padre acababa de fallecer.


domingo 11 de mayo de 2008

30: pequeños momentos


No necesito grandes lujos, no ansío realizar grandes viajes, coger aviones alojarme en hoteles....

El pasado puente de Mayo , no tuve la oportunidad de irme lejos, primero porque el puente para mi era inexistente y segundo porque mi pequeña economía no me permitía hacerlo; pero mi pareja y yo aprovechamos el día de fiesta para hacer un pequeña escapada, más bien una excursión por la tarde a un pueblecito cercano a mi ciudad.


Con el sol acariciando nuestros cuerpos, con la tranquilidad de quien esta lejos de su casa, con la curiosidad de ver sitios nuevos, y con la complicidad que nos une, disfrutamos de ese día como si hubiera sido eterno.

Pequeño, cercano , pero intenso, con las pilas cargadas y con el alma lleno volvimos a la rutina de nuestras vidas, con una nueva lección aprendida:
"En los pequeños momentos se haya la felicidad".
Gracias mi niño por hacerme disfrutar a tu lado.

Te quiero.

martes 29 de abril de 2008

29º Día: Adios


Ana siente frío.

En la oscuridad de su cuarto, bajo mil mantas, con la calefacción a tope, Ana siente frío.

Intenta recordar pero no lo consigue. Rebusca en su memoria ese escalofrío al sentir una caricia de su ser amado, la sonrisa iluminada que repentina aparecía en su boca cada vez que le veía, los acordes de su corazón cuando la decía "te quiero".

Pero su cuerpo inerte no responde a ningún recuerdo, sus ojos pesados sólo reclaman sueño, dormir, dormir y alejarse de esta tortura que le ha dejado seca el alma.

Bajo esas sábanas hicieron el amor tantas veces, tantas veces planearon su futuro, los lugares a los que ya jamás irían, los niños que nunca tendrían.

No puede ver sus fotos, pero su imagen instalada en su mente sólo le dice "ven", y ella es lo que quiere, es lo desea pero para eso tampoco tiene fuerzas.

En su memoria un instante, un momento tan monótono, tan simple que teme que se la borre para siempre :

"Bajo un momento a por el pan, ahora vuelvo"

Ni siquiera le miro, un insulso "adios" salió de su boca mientras recogía el cuarto.

Un adios que fue el último.

jueves 10 de abril de 2008

28º Día : Sin querer.


Fue sin querer.

Te conozco desde hace tanto tiempo, hemos compartido tantas cosas....
Se me hace rara la distancia que ahora nos separa, ese muro infranqueable que limita nuestra amistad.


Sus ojos, fueron sus ojos los que una noche me desvelaron, se instalaron en mi mente y no me dejaron dormir.


Recuerdo cómo me hablabas ilusionada de él, cómo yo te empujaba a frecuentar los lugares por los que él paraba,nos haciamos las despistadas, incluso las distantes para que no notara que te morías por sus huesos.


Su sonrisa, esa que tantas veces había visto, esa de la que decía, que era preciosa porque la destinaba a ti. Esa sonrisa se enredó en mis pensamientos, aquellos que yo rechazaba, aquellos que no dejaban de venir.


Qué ilusión me hizo cuando me llamaste para contarme lo bien que había ido vuestra primera cita, vuestro primer café, vuestro primer beso.

No sé porque cada vez que le veía , a tu lado , me empezaba a latir con más fuerza el corazón.

Te quiero tanto que me hizo feliz de veras, que poco a poco vuestra relación se asentara y aunque ya no podía disfrutar tanto de ti no me importaba, porque los ratos que pasabamos juntas eran tan divertidos y tan especiales como antes.

Empecé a salir con José, uno de nuestros amigos comunes ¡os pusisteis tan contentos los dos! por fin podriamos quedar en parejita. Lo que no sabiais, ni siquiera yo lo sabía, era que empece la relación para acabar con mi comedura de cabeza.

"Hemos alquilado un piso" - Me llamaste toda ilusinada para contarmelo, y yo me alegre, más bien intenté alegrarme, era lo que debía de hacer.
Te ayude a elegir los muebles - "Los chico no entienden de estas cosas"- Incluso colaboré en el montaje de vuestro dormitorio.

"Marta no está" - Me dijo el día que acudí a vuestro hogar a hacerte una visita, "la han llamado del trabajo, tiene una reunión importante y ha salido con urgencia".

No entendisteis como pude dejar a Jose, se nos veía tan bien... Las semanas posteriores a la ruptura me mimasteis con locura, fuimos juntos al cine, de fiesta, e incluso a pasar un fin de semana a ese pueblecito tan bonito de la montaña.

Nos tomamos una copa de vino mientras te esperabamos, me habló de lo injusto que era que yo no tuviera suerte en mis relaciones, que era
una buena amiga , una mujer fantástica. A la tercera copa me confesó los problemas que tenía con sus sentimientos, te quería mucho pero no estaba seguro de si te amaba, además la convivencia no era tan perfecta como esperaba.

"Cúal te gusta más" - Me preguntaste señalando dos vestidos de novia. La boda, aun no entraban en vuestros planes pero tú no parabas de fantasear con ello, " ya verás como cualquier día de estos me lo pide", Tenías ya planeado como iba a ser la ceremonia, el convite, las fotos, la luna de miel, sólo te faltaba su inclinación de rodilla y tú estabas segura de que pronto surgiría.

El vino, la conversación, la música, no recuerdo muy bien que pasó exactamente, pero poco a poco nos deslizamos por el sillón, nos buscamos con la mirada, nos fundimos en un beso. Lo único que se mantiene imborrable es tu mirada, esa mirada, llena de desconcierto , no de oido, que pusiste cuando entraste en vuestro dormitorio y nos encontraste desnudos , enlazados, jadeando. Profanando vuestro tálamo.





domingo 23 de marzo de 2008

27º Día: Ni una más.


Qué estúpida eres!

Te admiro.

Me das asco.

Te adoro.

Te odio.

Perdoname , no lo quise hacer.

Eres el sol que alumbra mis días.

¿Quién cojones te llama?

Lo hice sin querer sabes que no volverá a pasar.

¿Donde crees que vas con esas pintas?.

Estás preciosa.

Se puede saber para quién te arreglas tanto.

¿Porqué eres tan puta?

No me dejes nunca. Te necesito.

¡Serás inútil! No vales para nada.

Es la última vez que pasa te lo juro.

¿Quieres que repita lo de ayer?

No me dejes por favor.

Vete con tu madre que es la única que te aguanta.

Huyamos, vayamos lejos, los dos solos, empecemos de nuevo.

Por qué lloras, te pasas la vida llorando, cómo pretendes que lo soporte.

He tenido un mal día en el trabajo, ya sabes que mi jefe está últimamente insoportable, pero no volveré a traer los problemas a casa.

Qué pasa que no puedo echar un polvo con mi mujer.

Hagamos el amor mi vida, te deseo tanto...

Has estado follando con alguien a que sí. Lo noto en tu mirada.

Eres mi vida.

Eres mía. No lo olvides nunca.

Provocas en mi corazón la llamarada del amor.

Te quemaré viva.

Que tras la primera frase no se pronuncién las demás.






domingo 16 de marzo de 2008

26º Día: Un día cualquiera


A las seis de la mañana Nati se levanta, tiene que preparar el desayuno a los señores. Tras servirlo hace las camas, pasa la escoba y arrolla al bebé que abulta casi como ella.
Tiene sólo once años pero trabaja como toda una mujer. Salió de su pueblo en un carro con heno que se acercaba a la ciudad, hace casi un año que no ve a sus padres . Apenas tiene correspondencia con ellos, mandar cartas no es barato.
A veces mientras limpia los zapatos del señorito recuerda como la enseñó a hacerlo su madre, qué risas se echaba cuando escupía demasiado, su madre la reñía pero por dentro sabía que se estaba riendo. Una de esas tardes en las que ayudaba a su madre a preparar los fideos que vendería en el estraperlo ésta le explicó porqué su barriga había vuelto a crecer, vas a tener un hermanito más, le dijo, si Dios quiere y nace sano nos hará muy felices pero será un boca más que alimentar y no vamos a poder con tanto.
Cuando la nueva hermanita nació su madre le buscó una casa decente donde servir y la despidió con un beso.

Ahora su único apoyo es Segis, la otra criada que la enseña y guia en sus quehaceres así como en la vida.

A veces se queda observando detrás de la puerta a las señoritas Esperanza y Trinidad, admira sus vestidos, cómo se engalanan cuando su madre las lleva misa y envidia que acudan todos los días al colegio. Ella apenas sabe leer y escribir, menos mal que hay días en los que las señoritas se aburren y juegan con ella a ser sus maestras, gracias a estos juegos ha medio aprendido la tabla de multiplicar.

Esta tarde tiene un nuevo cometido, un nuevo miembro se ha incorporado a la familia, es Lulo, un perrito cursi el regalo de cumpleaños Trinidad.
Cuando termine de comer un mísero huevo duro su Señora le ha ordenado que lleve al perro a la pastelería más lujosa de la ciudad, ha dejado encargado un pastel para Lulo pero debe comérselo allí, delante de la pastelera así que a las cinco de la tarde tira del perro hacía la calle principal mientras rugen sus tripas.

Por fin son las once, una vez recogida la cena se acuesta en su cuarto, es el mejor momento del día, pues después de rezar no para de hablar con Segis se muere de la risa de cómo ésta imita a la Señora, se tapa con las sábanas cuando le cuenta historias terroríficas de su pueblo, y se emociona cuando Segis por fin decide hablarla de los chicos que la rondan los jueves. Así hasta que caen rendidas en brazos de Morfeo.

Este relato es un homenaje a todas esas mujeres que desde niñas lucharon y trabajaron duro y gracias a su esfuerzo sus descendientes han podido lograr cosas que antes sólo tenían y disfrutaban los señoritos. Que nunca nos olvidemos de nuestros orígenes.

domingo 9 de marzo de 2008

25º Día: Cruce de caminos.


Todas las tardes, cuando anochece y salgo del trabajo ansío atravesar la calle de la cuesta. El camino hacia mi casa era largo y monótono , todos los días las mismas personas, los mismos escaparates, los mismos incordiosos ruidos que producen los atascos. Todos los días lo mismo hasta que apareciste tú.

La primera vez que te vi apenas me percaté de tu presencia, iba imbuida en mis pensamientos, pensando en la cena. Pero al tercer día te asimilé. "hombre, una cara nueva que se une al grupo de cansados trabajadores que regresan a su casa".

El quinto día me fije más en ti. Descubrí a un chico de unos treinta años, moreno, no especialmente guapo pero si con algo especial. Siempre ibas vestido de traje así que imaginé que trabajabas de comercial, promotor inmobiliario o en un banco. Nunca me han gustado los hombres con traje así que tampoco me llamaste en exceso la atención, más allá de la novedad de un nuevo compañero de camino.
El décimo día, distraida como siempre me volví a cruzar contigo y sin saber porqué en esa ocasión mi corazón de repente dio un vuelco y mis piernas comenzaron a temblar.
Aquella noche soñé contigo, me desperté aturdida, me reí de mi misma y me comencé a preocupar cuando durante toda mi jornada laboral te asentaste en mi cabeza.
A partir de ese momento mi motivo para levantarme de la cama y acudir a mi trabajo era ese encuentro diario, de apenas unos segundos contigo, incluso llegué a odiar que llegara el domingo pues ese día no podía verte.

Cada vez me arreglaba un poco más, siempre salía tarde de la oficina pues dedicaba varios minutos a retocarme. Todas las noches planeaba la ropa que llevaría, que me hiciera atractiva pero no en exceso, al fin y al cabo volvía el trabajo, procuraba no repetir modelito, incluso amplié mi ropero.
Todo, todo por una mirada.

La tarde que no te vi me preocupé, seguro que ha cambiado de trabajo, le han destinado a otro sitio o simplemente a cambiado su ruta, igual se me nota demasiado y me toma por una loca que le acosa.
Dos, tres, cuatro tardes sin verte me convirtieron en una mujer huraña, desganada y todos mis amigos acusaron mi mal humor, pero mi esperanza no se perdió, y siempre atravesaba la calle, lenta, muy lentamente con la ilusión de verte y el desconsuelo de no haberlo hecho.

Apareciste, sí, apareciste, y mi corazón giro y giro, explote de alegría, habrías estado enfermo o de vacaciones, ¡cómo no se me habría ocurrido!.

Volvió la sonrisa a mi cara, las ganas de levantarme cada mañana la búsqueda de un gesto por tu parte que indicara que tú también te habías fijado en mi.

Decidí atreverme, tenía que hablarte un simple hola cada día desembocaría al cabo de unas semanas en una pequeña conversación, y si era agradable se sucederían otras y quizá acabáramos quedando para tomar un café, después para cenar, y así hasta acabar juntos, en la cama, sin querer salir, confesándonos amor eterno.

Lo tenía planeado, la próxima vez te saludaría, lo tenía que hacer. Un simple hola podía acabar en una bonita historia de amor.

Esa mañana me levanté una hora antes de lo normal, me puse mis mascarillas en cara y pelo, me maquille tranquilamente y no deprisa y corriendo como hacía siempre, elegí con detalle la ropa, los complementos, incluso el perfume. Tenía que estar lo más bella posible.

Llegó el momento, por fin tras un eterno día, y un largo recorrido llegué a la calle de la cuesta, aminoré el paso, te busqué con la mirada con los , y cuando por fin te alcancé, mi rostro cuidadosamente maquillado se quedó pálido. A tu lado, tomando tu mano iba una mujer a la que mirabas embelesado mientras recorrías su cintura con el brazo. Pasaste ante mi pero no reparaste en mi presencia, tu boca estaba ya unida a la de ella y de mis ojos una lágrima se desprendía.